Contra el viento del norte, Daniel Glattauer.

En la vida diaria ¿hay lugar más seguro para los deseos secretos que el mundo virtual? Leo Leike recibe mensajes por error de una desconocida llamada Emmi. Como es educado, le contesta y como él la atrae, ella escribe de nuevo. Así, poco a poco, se entabla un diálogo en el que no hay marcha atrás. Parece sólo una cuestión de tiempo que se conozcan en persona, pero la idea los altera tan profundamente que prefieren posponer el encuentro.

¿Sobrevivirían las emociones enviadas, recibidas y guardadas un encuentro «real»?

La historia de Leo y Emmi engancha desde el primer momento. No podrás dejar de leer hasta terminar el libro,  y te dejará con ganas de más.

Afortunadamente, la historia tiene continuidad. Con la segunda parte: “Cada siete olas” Daniel Glattauer vuelve a cautivar a los lectores y a la crítica internacional con su peculiar mirada sobre las relaciones amorosas en nuestro tiempo. Emmi y Leo nos enseñan que, después de que seis olas rompan en la orilla llega la séptima, y ésa trae siempre muchas sorpresas.

Y si quieres empezar a leer ya esta historia, continúa leyendo…

15 de enero
Asunto: Baja
Querría anular mi suscripción. ¿Es posible hacerlo por
esta vía?
Un cordial saludo,
E. Rothner
18 días después
Asunto: Baja
Quiero anular mi suscripción. ¿Es posible por correo
electrónico? Les ruego me envíen una breve respuesta.
Un cordial saludo,
E. Rothner

33 días después
Asunto: Baja
Distinguidos señores de la editorial Like:
Si la finalidad de su insistencia en pasar por alto mis intentos
de retirar una suscripción es vender más números
de su producto, cuya calidad no cesa por desgracia de
bajar, lamento comunicarles que no pienso seguir pagando.
Un cordial saludo,
E. Rothner
Ocho minutos después
Fw:
Se ha equivocado usted de dirección. Ésta es mi dirección
particular: woerter@leike.com. Usted quiere escribir a
woerter@like.com. Es la tercera persona que me pide que
le dé de baja de la suscripción. La revista debe de haberse
vuelto francamente mala.

Cinco minutos después
Re:
¡Oh, perdón! Y gracias por la aclaración.
Saludos,
E. R.

Nueve meses después
Sin asunto
Feliz Navidad y un próspero año nuevo, les desea
Emmi Rothner

Dos minutos después
Fw:
Querida Emmi Rothner:
Aunque casi no nos conozcamos de nada, le agradezco su
cordial y sumamente original correo colectivo. Sepa que
adoro los correos colectivos dirigidos a una masa de la
que no formo parte.
Atte., Leo Leike

18 minutos después
Re:
Perdone que le moleste por escrito, señor Atte. Leike. Se
me deslizó usted por error en mi cartera de clientes, cuando
hace unos meses quería anular una suscripción y por
descuido escribí a su dirección de correo electrónico. La
borraré ahora mismo.
P. D.: Si se le ocurre una expresión más original que «feliz
Navidad y un próspero año nuevo» para desearle a alguien
«feliz Navidad y un próspero año nuevo», le ruego
me la comunique.
Hasta entonces: ¡feliz Navidad y un próspero año nuevo!
E. Rothner

Seis minutos después
Fw:
Le deseo unas felices fiestas y me alegro por usted, pues
tiene por delante uno de los ochenta mejores años de su
vida. Si llega a abonarse a los días malos, no dude en escribirme
—por error— para que la dé de baja.
Leo Leike

Tres minutos después
Re:
¡Impresionante!
Saludos,
E. R.

38 días después
Asunto: ¡Ni un euro!
Distinguidos señores de la dirección editorial de Like:
Me he borrado de su revista tres veces por escrito y dos
veces por teléfono (hablé con una tal señora Hahn). Si
continúan enviándome ejemplares, consideraré que lo
hacen por pura diversión. El impreso para hacerles un
giro postal por 186 euros que acaban de remitirme lo
conservaré con mucho gusto como recuerdo, para seguir
acordándome de Like cuando por fin dejen de mandármela.
Eso sí, no esperen que pague un solo euro.
Muy atentamente,
E. Rothner

Dos horas después
Fw:
Querida señora Rothner:
¿Lo hace usted adrede? ¿O se ha abonado a los días malos?
Reciba un cordial saludo,
Leo Leike

15 minutos después
Re:
Querido señor Leike:
Ahora sí que me sabe fatal. Por desgracia, tengo un
defecto crónico «ei», mejor dicho, «e» delante de «i».
Cuando escribo deprisa y viene una «i», se me escurre
siempre una «e». Lo que sucede es que las yemas de mis
dos dedos corazón se hacen la guerra en el teclado. La
izquierda siempre quiere ser más rápida que la derecha,
pues soy zurda de nacimiento y en el colegio me invirtieron
la polaridad. Hasta hoy, la mano izquierda no me
lo ha perdonado. Siempre mete una «e» con la yema del
dedo corazón antes de que la derecha pueda poner una
«i». Disculpe la molestia, (probablemente) no volverá a
ocurrir.
Que tenga una buena tarde,
E. Rothner

Cuatro minutos después
Fw:
Querida señora Rothner:
¿Me permite hacerle una pregunta? Y otra más: ¿cuánto
tiempo le ha llevado escribir el mensaje donde explica su
defecto «ei»?
Reciba un afectuoso saludo,
Leo Leike

Tres minutos después
Re:
Le devuelvo dos preguntas: ¿cuánto tiempo cree usted
que me ha llevado? y ¿por qué lo pregunta?

Ocho minutos después
Fw:
Calculo que no le habrá llevado más de veinte segundos.
En tal caso, la felicito: en ese tiempo tan breve le ha salido
un mensaje perfecto. Me ha hecho sonreír. Y eso es
algo que probablemente ya nada ni nadie consiga esta
tarde. Respecto a su segunda pregunta acerca de por qué
lo pregunto: en este momento me dedico profesionalmente
al lenguaje del correo electrónico. Y volviendo a
mi pregunta: no más de veinte segundos. ¿He acertado?

Tres minutos después
Re:
¡Vaya! ¿Así que se dedica profesionalmente a los mensajes
de correo electrónico? Muy interesante, aunque ahora me
siento un conejillo de Indias. Da igual. Dígame, ¿tiene
usted una página web? Si no la tiene, ¿quiere una? Si la
tiene, ¿quiere mejorarla? Es que me dedico a diseñar páginas
web. (Hasta ahora he tardado exactamente diez segundos,
lo he cronometrado, pero era una conversación
de trabajo, y eso se hace en un pispás.)
Respecto a mi banal mensaje del defecto «e» delante de
«i», lamento decirle que se ha equivocado usted del todo.
Seguramente me habrá robado unos tres minutos largos
de mi vida. En fin, ¿quién sabe para qué habrá servido?
Ahora bien, me interesaría saber otra cosa: ¿por qué supone
que me ha llevado apenas veinte segundos escribir
mi mensaje del defecto «e» delante de «i»? Y antes de dejarlo
en paz definitivamente (a no ser que los de Like me
envíen otro impreso para giro postal), me gustaría saber
algo más. Usted ha escrito antes: «¿Me permite hacerle
una pregunta? Y otra más: ¿cuánto tiempo…?», etc. Quisiera
añadir dos preguntas. Primera: ¿cuánto tiempo le ha
llevado el chiste? Segunda: ¿es ése su sentido del humor?

Una hora y media después
Fw:
Querida y desconocida señora Rothner:
Le responderé mañana. Ahora voy a apagar el ordenador.
Buenas tardes o buenas noches, según.
Leo Leike

Cuatro días después
Asunto: Preguntas pendientes
Querida señora Rothner:
Disculpe que no le haya escrito antes, de momento estoy
un poco liado. Usted quería saber por qué supuse erróneamente
que no le había llevado más de veinte segundos
explicar su defecto «ei». Pues bien, sus mensajes se leen
como si cayeran «a borbotones», si me permite la expresión.
Juraría que es usted una persona que escribe y habla
deprisa, una mujer vivaz para quien los días nunca
transcurren con bastante rapidez. Cuando leo sus mensajes,
no distingo ninguna pausa. Por el tono y el ritmo, me
parecen dinámicos, vertiginosos, enérgicos, ágiles, incluso
un poco agitados. Nadie que tenga la tensión baja escribe
como usted. Me parece que sus ideas espontáneas
fluyen libremente en sus correos. Y se destaca usted por la
seguridad con que escribe, por su hábil y muy sutil manejo
de las palabras. Ahora bien, si dice que le llevó más
de tres minutos escribir su mensaje «ei», debo de haberme
formado una idea equivocada de usted.
Por desgracia, me preguntaba usted por mi sentido del
humor. Ése es un capítulo triste. Para poder tener sentido
del humor es necesario reconocer como mínimo una
chispa de gracia en uno mismo. Y, a decir verdad, de
momento no reconozco ninguna, no tengo absolutamente
nada de gracia. Si paso revista a los últimos días y
las últimas semanas, se me quita la risa. Pero ésa es mi
historia personal y no viene a cuento. En todo caso, gracias
por su estilo refrescante. Ha sido muy agradable
conversar con usted. Creo que mal que bien todas las
preguntas han sido respondidas. Si por casualidad vuelve
usted a perderse por mi dirección, me alegraré. Eso sí,
por favor: anule de una vez la suscripción a Like, que ese
asunto ya me está sacando de quicio. ¿O quiere que lo
haga yo?
Un saludo afectuoso,
Leo Leike

40 minutos después
Fw:
Querido señor Leike:
Quiero confesarle algo: la verdad es que mi mensaje «e»
delante de «i» no me llevó más de veinte segundos. Sólo
me enfadó que usted pensara que escribo mensajes deprisa
y corriendo. Tiene razón, pero no tiene derecho a saberlo
de antemano. Pues nada: aunque (de momento) no
tenga usted sentido del humor, de mensajes parece que
entiende mucho. Me impresiona cómo me ha descubierto
el juego. ¿Es usted profesor de filología?
Saludos cordiales,
Emmi Rothner, la Vivaracha

18 días después
Asunto: ¡Hola!
Hola, señor Leike:
Sólo quería decirle que los de Like han dejado de enviarme
revistas. ¿Intervino usted? Por cierto, podría escribir
de vez en cuando. Sigo sin saber, por ejemplo, si es usted
profesor. Al menos, Google no lo aclara o sabe ocultarlo
bien. Qué, ¿mejora su sentido del humor? Después de
todo, ahora, en carnaval, casi no tiene usted competidores.
Un saludo,
Emmi Rothner

Dos horas después
Fw:
Querida señora Rothner:
Qué bien que me haya escrito, ya la echaba de menos.
He estado a punto de suscribirme a Like. (¡Cuidado, humor
incipiente!) ¿Y de verdad me ha buscado usted en
Google? Eso me resulta sumamente halagador. Pero que
piense que puedo ser un «profesor», sinceramente, ya no
me gusta tanto. Me considera un vejete, ¿no? Tieso, pedante,
sabiondo. Bueno, no me desesperaré por demostrarle
lo contrario, sería desagradable. Es probable que
de momento esté escribiendo como si fuese mayor de lo
que soy. Y sospecho que usted escribe como si fuera más
joven de lo que es. Por cierto, soy asesor de comunicación
y ayudante de psicología del lenguaje en la universidad.
Estamos trabajando en un estudio sobre la influencia
del correo electrónico en nuestra conducta
lingüística y —esta parte es mucho más interesante—
sobre el correo electrónico como vehículo de emociones.
Por eso tengo cierta tendencia a hablar de asuntos profesionales,
pero de ahora en adelante trataré de contenerme,
se lo prometo.
Espero que resista bien las fiestas de carnaval. Por lo que
me figuro de usted, seguramente habrá comprado montones
de caretas y matasuegras. :-)
Un cariñoso saludo,
Leo Leike

22 minutos después
Re:
Querido psicólogo del lenguaje:
Ahora lo pondré a prueba yo a usted: ¿cuál de las frases
que acaba de enviarme cree que me ha parecido la más
interesante, hasta el punto de que ahora mismo le haría
una pregunta al respecto (si antes no lo hubiese puesto a
prueba)?
Y aquí va otro buen consejo en relación a su humor: su frase
«He estado a punto de suscribirme a Like» me pareció un
motivo para alentar esperanzas. Pero, por desgracia, con su
comentario «(¡Cuidado, humor incipiente!)» lo ha echado
todo a perder. ¡Haberlo omitido! Lo de las caretas y los matasuegras
también me ha parecido gracioso. Por lo visto tenemos
el mismo tipo de no humor. Y no tema: seré capaz
de reconocer su ironía, ¡prescinda de los emoticonos!
Me resulta muy agradable charlar con usted.
Saludos cariñosos,
Emmi Rothner

Diez minutos después
Fw:
Querida Emmi Rothner:
Gracias por sus consejos sobre el humor. Acabará por
hacer de mí un hombre divertido. Le agradezco especialmente
la prueba, que me da la oportunidad de demostrarle
que (aún) no soy el típico «viejo profesor autoritario
». De serlo, supondría que para usted la frase más
interesante debió de ser «Estamos trabajando en un estudio
(…) sobre el correo electrónico como vehículo de
emociones». Pero estoy seguro de que la que más le ha
interesado es: «Y tengo una sospecha: usted escribe como
si fuese más joven de lo que es». Forzosamente se habrá
preguntado entonces: ¿qué le hará pensar eso? Y luego:
¿cuántos años creerá que tengo?
¿Estoy en lo cierto?

Ocho minutos después
Re:
Leo Leike:
¡¡¡Es usted un diablo de hombre!!! En fin, vaya pensando
en buenos argumentos para explicarme por qué debo de
ser mayor de lo que parece por lo que escribo. O para ser
más precisos: ¿qué edad debería de tener por cómo escribo?,
¿qué edad tengo?, ¿por qué? Una vez que haya resuelto
estos ejercicios, adivine qué número calzo. Me divierto
mucho con usted.
Un cariñoso saludo,
Emmi

45 minutos después
Fw:
Escribe usted como si tuviese 30. Pero ronda los 40, digamos…
42. ¿Que qué me lo hace pensar? Pues que una
treintañera no suele leer Like. La edad promedio de una
suscriptora de Like es de unos 50 años. Pero usted es más
joven, porque se dedica a diseñar páginas web, así que
bien podría tener 30, o incluso bastante menos. Sin embargo,
ninguna mujer de menos de 30 envía un correo
colectivo a sus clientes para desearles «feliz Navidad y un
próspero año nuevo». Por último: se llama usted Emmi,
o sea, Emma. Conozco a tres Emmas, y todas tienen más
de 40. Una mujer de 30 años no se llama Emma. También
se llaman Emma las que tienen menos de 20, pero
usted no tiene menos de 20. De lo contrario, emplearía
palabras como «mola», «súper», «guay», «chachi», «fuerte
» y cosas por el estilo. Además, no pondría mayúsculas
ni escribiría frases completas. Y, sobre todo, tendría cosas
mejores que hacer: no andaría conversando con un supuesto
profesor sin sentido del humor, ni interesándose
por cuántos años de más o de menos le echa. Algo más
sobre «Emmi»: si una mujer se llama Emma y escribe como
si fuera más joven (por ejemplo, porque se siente bastante
más joven de lo que es) no se hace llamar Emma,
sino Emmi. En resumen, querida Emmi Rothner: escribe
usted como si tuviera 30, pero tiene 42, ¿no? Calza un
36. Es bajita, menuda y vivaz. Es morena y lleva el pelo
corto. Y habla a borbotones, ¿verdad?
Buenas noches,
Leo Leike

Al día siguiente
Asunto: ???
Querida señora Rothner:
¿Se ha ofendido? Verá usted, yo no la conozco de nada.
¿Cómo podría saber qué edad tiene? Quizá tenga veinte
años o sesenta. A lo mejor mide 1,90 y pesa 100 kilos. Tal
vez calza un 46…, por eso tiene sólo tres pares de zapatos
hechos a medida. Y para poder costearse un cuarto par ha
tenido que anular su suscripción a Like y seguir la corriente
a sus clientes con saludos navideños. Así que no se
enfade, por favor. Me resultó divertido hacer cálculos,
tengo una vaga imagen de usted e intenté comunicársela
con exagerada precisión. No quise ofenderla, de veras.
Saludos afectuosos,
Leo Leike

Dos horas después
Re:
Querido «profesor»:
Me gusta su humor, pero dista apenas un semitono de la
seriedad crónica, por eso suena particularmente estrafalario.
Le escribo mañana. Espero con ilusión ese momento.
Emmi

Siete minutos después
Fw:
¡Gracias! Ya puedo dormirme tranquilo.
Leo

Al día siguiente
Asunto: Ofensa
Querido Leo:
Ya no pondré más el «Leike». Usted a su vez puede olvidarse
de «Rothner». Disfruté mucho con sus mensajes de
ayer, los he leído varias veces. Quiero hacerle un cumplido.
Me fascina que pueda interesarse tanto por una persona
que no conoce de nada, que no ha visto nunca y
probablemente no vea jamás, y de la que tampoco tiene
nada más que esperar, ya que no puede saber si va a corresponderle.
Es algo muy insólito en los hombres, y lo
aprecio. Quería decirle esto antes que nada. Bien, ahora,
respecto a algunos puntos:
1) Tiene una grave psicosis con los correos colectivos y
los saludos navideños. ¿Dónde la ha pescado? Por lo visto,
le ofende mucho que le digan «feliz Navidad y un
próspero año nuevo». Está bien, le prometo que nunca
jamás volveré a decirlo. Por lo demás, me asombra que
pretenda inferir la edad de una persona a partir de la frase
«feliz Navidad y un próspero año nuevo». Si hubiese dicho
«feliz Navidad y buen año», ¿habría tenido diez años
menos?
2) Lo siento, querido psicólogo del lenguaje, pero que
una mujer no pueda tener menos de 20 años porque no
dice «mola», «guay» y «fuerte» me suena un poco de profesor,
y apartado de la realidad. No es que yo me desespere
por escribir de modo tal que pueda creer que tengo
menos de 20. Aunque nunca se sabe.
3) Dice, pues, que escribo como si tuviera 30. Pero que
una mujer de 30 no lee Like. Pues, verá, la suscripción de
la revista Like era para mi madre. ¿Qué me dice ahora?
¿Al final resulta que soy más joven de lo que parece por
cómo escribo?
4) Con esta pregunta fundamental debo dejarle. Por desgracia
tengo un compromiso. (¿Curso de confirmación?
¿Clases de baile? ¿Manicura? ¿Tertulia de señoras? Escoja
sin miedo.)
¡Que tenga un buen día, Leo!
Emmi

Tres minutos después
Re:
¡Ah! Hay algo más que quiero decirle, Leo: con el número
del calzado no andaba tan errado. Calzo un 37. (Pero
no hace falta que me regale zapatos, tengo de todo.)

Tres días después
Asunto: Falta algo
Querido Leo:
Cuando pasan tres días sin que me escriba, siento dos
cosas: 1) me extraña mucho, 2) echo en falta algo. Ambas
cosas son desagradables. ¡Póngales remedio!
Emmi

Al día siguiente
Asunto: ¡Por fin lo he enviado!
Querida Emmi:
En mi defensa alego que te he escrito a diario, pero no
he enviado ninguno de los mensajes, los he borrado todos.
Es que he llegado a un punto delicado en nuestro
diálogo. Esa tal Emmi que calza un 37 empieza a interesarme
más de lo que corresponde al contexto en el que
converso con ella. Y cuando esa tal Emmi que calza un
37 afirma de antemano: «Es probable que no nos veamos
nunca», desde luego tiene toda la razón y comparto
su opinión. Me parece muy pero que muy sensato partir
de la base de que no se producirá ningún encuentro entre
nosotros. Es que no quiero que la conversación que
mantenemos aquí descienda al nivel de los escarceos
propios de los anuncios de contactos y de las salas de
chat.
Bien, ahora enviaré de una vez este mensaje, para que
ella, esa tal Emmi que calza un 37, tenga cuando menos
algo de mí en el buzón. (Este texto no es fascinante,
lo sé, pero es sólo un fragmento de lo que quería escribirte.)
Un saludo cariñoso,
Leo

23 minutos después
Re:
¡Vaya! ¡Conque ese tal Leo, que es psicólogo del lenguaje,
no quiere saber qué aspecto tiene esa tal Emmi, que calza
un 37! ¡Pues no te creo, Leo! Cualquier hombre quiere
saber qué aspecto tiene cualquier mujer con la que habla
sin saber qué aspecto tiene. Y quiere saberlo cuanto antes.
Así sabrá si quiere seguir hablando o no con ella. ¿O me
equivoco?
Un afectuoso saludo,
La tal Emmi del 37

Ocho minutos después
Fw:
Ese mensaje ha sido más hiperventilado que escrito, ¿verdad?
No necesito saber qué aspecto tienes si me das semejantes
respuestas, Emmi. Ya te imagino. Y para eso ni siquiera
hace falta dedicarse a la psicología del lenguaje.
Leo

21 minutos después
Re:
Se equivoca, señor Leo. Lo he escrito con toda calma. Tendrías
que verme cuando hiperventilo de verdad. Por lo demás,
no eres propenso a contestar a mis preguntas, ¿verdad?
(Me pregunto qué aspecto tendrás tú si dices «¿verdad?».)
Pero volviendo a tu por fin enviado correo electrónico de
esta mañana, nada encaja. He comprobado que:
1) Me escribes mensajes y no los envías.
2) Empiezas a interesarte por mí más de lo que corresponde
al «contexto de nuestra conversación». ¿Qué significa
eso? ¿Acaso el contexto de nuestra conversación no se
limita a nuestro mutuo interés por una persona absolutamente
desconocida?
3) Te parece muy sensato —más aún, te parece «muy pero
que muy sensato»— que no nos veamos nunca. ¡Qué
envidia me da tu apasionada vuelta a la sensatez!
4) No quieres un escarceo de sala de chat. ¿Entonces qué?
¿De qué hablamos para que no empieces a interesarte por
mí más de lo que corresponde al «contexto»?
5) Y en el nada improbable caso de que no respondas a
ninguna de las preguntas que acabo de plantearte: has
dicho que era sólo un fragmento de lo que querías escribirme.
Escríbeme el resto con confianza. ¡Me alegraré de
leer cada línea! Es que me gusta leerte, querido Leo.
Emmi

Cinco minutos después
Fw:
Querida Emmi:
Si no puedes escribir 1), 2), 3), etc., no eres tú, ¿verdad?
Mañana sigo.
Buenas noches,
Leo

Al día siguiente
Sin asunto
Querida Emmi:
¿Has notado que no sabemos absolutamente nada el uno
del otro? Creamos personajes virtuales, confeccionamos
irreales retratos robot el uno del otro. Formulamos preguntas
cuyo atractivo reside en que quedan sin respuesta.
Pues sí, nos dedicamos a despertar la curiosidad del otro
y a seguir alimentándola al no satisfacerla de manera definitiva.
Intentamos leer entre líneas, entre palabras, y
pronto entre letras tal vez. Hacemos grandes esfuerzos
por juzgar bien al otro. Y al mismo tiempo nos preocupamos
de no desvelar nada importante de nosotros mismos.

Contra el viento del norte

Contra el viento del norte

Daniel Glattauer

ISBN: 9788466315128

Editorial: Punto de lectura

Nº de páginas: 272

Año de edición: 2010

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