Hablando de ilustradores.

 

Me encantan los libros ilustrados, lamento que no sea una corriente más habitual en los libro para adultos. Hoy les quiero hablar de algunos de los ilustradores más representativos y de su obra distintiva.

Empezaremos por Eric Carle y su “Pequeña oruga glotona”, un libro-juguete que nació mientras estaba haciendo agujeros con una perforadora a una pila de papeles. Va de una  pequeña oruga que tenía un hambre feroz, así que se pasó todo el cuento comiendo, atravesando página tras página. Hasta que finalmente se convirtió, como todas las orugas, en mariposa. La técnica conocida como collage impresionista, con las figuras casi siempre recortadas sobre fondo blanco, se ha convertido en su auténtico sello. Realiza sus ilustraciones con papel pintado a mano. Con pintura acrílica en papeles translúcidos, así crea esa peculiar paleta de colores y texturas, y después los corta y los rasga, los pega en una cartulina y ¡se hizo la magia!

Pese a que su vida ha estado intrínsecamente marcada por la emigración y la guerra, es un alma creativa inagotable. Aun hoy sigue llenando de color el mundo de los niños y de adultos que, alguna vez fuimos niños, y desde entonces atesoramos preciosos recuerdos sobre su obra. Con más de setenta libros  publicados y traducidos a más de cincuenta idiomas (hasta existen ediciones en braille); es de los pocos autores que cuentan con su propio museo  (http://www.carlemuseum.org/), donde comparte talleres con niños.

“Me esfuerzo en simplificar y perfeccionar, ser lógico y armonioso. Pero también trato de mantener la mente abierta, para escuchar mi intuición (…). En última instancia, mi objetivo es entretener y, a veces, iluminar el niño que aún vive dentro de mí. De ahí es de donde comienzo siempre”, Eric Carle.

La pequeña oruga glotona

Sir Quentin Blake y la obra de Roald Dalh. Dentro de la que me cuesta elegir… digamos por ejemplo: “Matilda”, esa niña-genio que consiguió encontrar su lugar en el mundo. Me encantan esas desgarbadas ilustraciones en blanco y negro que acompañaron a la primera edición de 1988. Melanie McDonagh, Daily Telegraph dijo “Blake es brillante. Es anárquico, moral, infinitamente subversivo, a veces feroz, agudo, escaso cuando tiene que ser, exuberantemente pródigo en los detalles cuando le da la gana. Él puede contar historias maravillosas sin una sola palabra, pero su asociación con Roald Dahl fue hecha en el cielo. O en alguna parte. El ingenio diabólico de Dahl  nunca fue mejor que cuando escribió para niños. Y junto con Blake, había una especie de alquimia. Nunca he conocido a un niño que no quiera a Quentin Blake”.

Su estilo característico son líneas irregulares, que se acercan al garabato. El color a veces llega en forma de manchones, lo que trasmite una espontaneidad muy similar a los dibujos infantiles. Sin embargo, incluso el más querido de los artistas tienen sus críticos, se le reprocha la naturaleza constantemente optimista de sus dibujos. A lo que él responde “Hay un montón de sonrisas alrededor, es verdad, lo admito”.

Atesora toda clase de premios desde que, a la temprana edad de 16 años, publicara su primera ilustración. Incluso en febrero de este año fue nombrado caballero, por sus servicios a literatura.

En sus múltiples entrevistas insta a los educadores a no “dar la espalda” a la diversión de las ilustraciones, “Los niños aprenden a leer después de haber sido cautivado por las imágenes (…) La relación entre el texto y la ilustración puede en ocasiones ser bastante compleja, pero la ilustración siempre da la bienvenida al libro”.

Matilda

Para cerrar he elegido uno de mis favoritos, Maurice Sendak y “Donde viven los monstruos”, un libro realmente excepcional. Sendak cambio la forma de escribir para niños, dejo a un lado la condescendencia habitual y los puso a convivir con los monstruos. Hasta el punto de conseguir que su gran protagonista, Max, vestido con un disfraz de lobo y una corona, dominase su pánico frente a las “cosas salvajes”, cruzase al otro lado y se convirtiera en su rey.

Fueron 37 páginas y 10 frases muy polémicas. El cuento a principios de la década de los 60 era una historia políticamente incorrecta. Tuvo que dificultades para publicarlo y toda clases de discusiones con los editores, hasta si sería más apropiado usar la palabra “tibio” en vez de “caliente”.

El libro proclama las bondades de encontrar el monstruo que hay en cada uno de nosotros y domesticarlo, aprendiendo a vivir una auténtica aventura de la mano de los nuestros miedos e inseguridades. Incluso hoy muchos adultos se resisten a que la literatura infantil sea tan ambigua y oscura. Pero me gusta pensar que Sendak rompe precisamente con esa restricción, que no trae predefinido lo que les esta permitido a los niños pensar y sentir. Esto ha hecho de este libro una de las obras de mayor repercusión en la literatura contemporánea.

Sin dudas, el texto no sería lo que es sin las ilustraciones del propio autor, las “cosas salvajes” son monstruosas y peludas pero a la vez entrañables. Max es expresivo, refleja miedo, diversión, sorpresa y hasta cansancio. Al final del libro se le ve relajado y asoma por primera vez su pelo siempre oculto por la capucha, y eso te recuerda que es simplemente un niño, un niño que ha vivido una intensa aventura.

Se ha buscado a ese niño incomprendido en la propia vida de Sendak y desde luego que lo han encontrado. Tuvo una infancia difícil y enfermiza, creció en una familia judía y en el agitado contexto de la Gran Depresión, el Holocausto y Segunda Guerra Mundial. No cabe dudas de que fue un niño aprensivo, reprimido (incluso de adulto nunca confeso a sus padres su homosexualidad), pero supo revertir esa especial concepción del mundo en su obra artística y literaria. Fue el escritor que enseñó a los niños a lidiar con los monstruos. Esta obra le valió en 1964 la Medalla Caldecott, una especie de Pulitzer de la literatura infantil.

“Nosotros somos asustadizos. Estamos ‘disneyformateados’. No queremos que los niños sufran. ¿Pero qué hacemos frente al hecho de que ellos sufren igual? El truco consiste en ayudarlos con el arte.” “Los niños viven dentro de la fantasía y en la realidad, de una manera que ya no podemos recordar. Tienen un sentido preciso de la lógica y de lo ilógico, pasan con facilidad de una esfera a otra. La fantasía es la esencia de toda escritura para niños, como creo que lo es para la escritura de cualquier tipo de libro, para cualquier acto creativo, y tal vez también, para el acto de vivir”, Maurice Sendak

Donde viven los monstruos

Escribe un comentario

Puede usar HTML:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>