Libros “para niños” de grandes autores “para adultos”, Vol.2.

James Thurber, el aclamado escritor y humorista, escribió una serie de cuentos infantiles de entre los que destacaremos Los 13 relojes. Se trata de un relato clásico de cuentos de hadas, tiene su príncipe, que intenta liberar a su doncella del malvado duque del castillo del Ataúd, pero lo matiza con su derroche de humor y esos juegos de palabras que lo caracterizaban. Cuando escribió este libro, Thurber estaba ciego, así que tuvo que contar con su amigo Marc Simont para ilustrarlo. Se dice que para dibujar el “gorro indescriptible” de Golux, hizo que le describiera todas sus ilustraciones y no se dio por satisfecho hasta que Simont dibujó uno que fue incapaz de describir. Es de agradecer que la editorial Ático de los Libros lo haya publicado recientemente en español, con las ilustraciones originales de Marc Simont y prologado nada menos que por Neil Gaiman.
*La edición en español, aquí.

A propósito de los cuentos de hadas, no podemos olvidarnos de los “cuentos de hadas americanos”, donde se sustituyen las imágenes de los cuentos de hadas europeos por el mundo del Medio Oeste americano, bienvenidos al “país Rutabaga”, lleno granjas y trenes. Casi dos décadas antes del primero de sus dos premios Pulitzer, el poeta Carl Sandburg escribió un libro dedicado a sus tres hijas, lo llamó Historias del País de Rutabaga. Luego llegó su secuela Palomas en el país de Rutabaga, ambas obras fueron editadas por Alfaguara en los años 80, pero como muchos otros buenos libros hoy se encuentran descatalogados. Las historias capturan el optimismo y la visión esperanzadora de la infancia.

En 1923, con sus grandes obras todavía por delante, Virginia Woolf respondió al llamado de “El Boletín Charloston”, un periódico familiar que editaban sus sobrinos adolescentes. Lo hizo un La viuda y el loro, un dulce cuento de amor hacia los animales. La verdad es que no gustó a sus sobrinos, que esperaban algo más del estilo de humor subversivo que la caracterizaba; pero lo cierto es que es una historia exquisita, que nos mantiene en suspense hasta el final. Durante años perteneció a los archivos del periódico familiar y solo vio la luz al gran público en el centenario del nacimiento la autora. Esta editado en nuestro país por la editorial Gadir e incluye ilustraciones de Concha F. Montesinos, sobrina de Federico García Lorca. A propósito de su edición, aprovecho para hablarles de la colección El bosque viejo, que además de este título posee un amplio catálogo de obras infantiles de grandes maestros de la literatura universal. La loable labor de esta editorial ha inspirado esta modesta publicación.

Otro relato que tuvo una vida azarosa fue Maurice o la cabaña del pescador, de Mary Shelley. La autora de Frankenstein sufrió los duros prejuicios de la época que obstaculizaban las publicaciones femeninas, se sabe que intentó publicarlo bajo el nombre de su padre William Godwin pero este se negó. De modo que estas páginas quedaron sepultadas durante casi dos siglos, hasta que en 1997 fueron encontrados en manos de una familia italiana, un auténtico hallazgo literario. En la magnifica introducción de Santiago Gamboa para Ediciones B, nos comenta que la autora lo escribió poco después de perder a sus tres hijos, lo que explica es halo nostálgico y tierno que desprende esta historia. Se trata de un niño solo y bueno, que busca encontrar su lugar en el mundo; en su periplo se encuentra con un viajero que resultará ser su padre. Con su tono melancólico y cierto trasfondo autobiográfico, el texto redescubierto reveló un eslabón perdido en la evolución literaria de esta gran escritora.

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