La última página.

Hoy, el post lo escribe nuestra amiga Almudena Cruz. Le damos las gracias desde aquí, y ya sabes, si quieres participar tu también, pincha aquí.

Cuando paladeamos la última página de una buena novela, el entretenimiento da paso a la pena. El roce del final de una historia en la yema de los dedos es el inicio del duelo. En esos renglones finales se nos van los seres queridos, los personajes concebidos, imaginados y plasmados por la genialidad del que escribe y que, sin saber cómo, terminan siendo parte de uno mismo. El Coronel Aurenialo Buendía regresa a Macondo y Juan Preciado reinicia la búsqueda de su padre, Pedro Páramo, en Comala. A veces, con los años, esos nombres desaparecen. Son víctimas de la mala memoria. Pero dejan en nuestro corazón y en nuestra mente una huella indeleble.

¿Quién puede resistirse? La lectura es a la vez un gusto y un privilegio. Viajamos, vivimos penas y alegrías, y no hace falta ni pasaje de avión ni abono transporte. Lo único necesario es haber tenido la suerte de que alguien, un día, pusiera el primer libro en tus manos. En mi caso esa persona fue mi madre. Aún hoy vivimos esa batalla continua de libros con doble marcador que pasan de una mano a otra. Y es que la fortuna de leer no es solo la capacidad de descifrar palabras. Leer es haber descubierto que se puede ser varias personas a la vez y que no hay nada mejor en el mundo que abandonarse al delicioso engaño que, al fin y al cabo, es la literatura. Hay tratados de historia, libros de fantasía, cuentos terroríficos, novelas tediosas, insufribles lecturas de autoayuda, inquietantes misterios, trilogías eróticas, best sellers… ¿Qué más da? Lo importante es leer, leer con gusto y explorar la sensación de no poder parar, de que hay que pasar otra página más aunque el reloj marque las cinco de la mañana. ¿Qué más da? Los afortunados leemos, hablamos sobre libros y hacemos recomendaciones que no siempre triunfan. Los dichosos son los que leen con pasión, los que atesoran páginas marcadas en la esquina superior y los que recibieron un libro como primer regalo cuando llegaron al mundo.Por eso el planeta está lleno de bibliotecas y librerías. Y da igual que leamos páginas amarillentas por el paso del tiempo o en la pantalla táctil de un iPad.

Almudena Cruz

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