Morir despacio.

Me gustaría empezar diciendo que Alexis no escribe novela policíaca. Es, quizás, uno de los pocos que escriben auténtica novela negra. Al respecto es preciso señalar que la mayoría de lo que nos venden como novela negra no es tal. Es novela policiaca. Lo que pasa es que por azares del marketing y por esnobismo se ha ido llamando al género como novela negra. Debe ser que da una pátina más cultilla decir que leo novela negra a que leo novela policíaca. Solo los cursis engloban en el género negro obras como las de Maigret, Connelly, Grafton, etc.… a este paso terminarán diciendo que la buena novela de detectives de Conan Doyle o Ágata Christie es novela negra.

La regla para diferenciar una cosa de otra debería estar clara desde hace tiempo. Pero tendré que recordarla para enmarcar la nueva novela de Ravelo. La novela policiaca, madre del genero, parte de un principio: el orden social ha sido violentado de una forma u otra (asesinato, secuestro, atraco, etc.…) y el papel del detective (oficial, privado o aficionado) es el de restablecer ese orden. Puede haber toda la crítica que se quiera al propio sistema (ver las obras de Nero Wolfe o la de la pareja de suecos de impronunciable nombre) pero en el fondo el orden es debidamente restablecido. El triunfo del protagonista (sea colectivo como en las obras de Mcbain y otros) es el descubrimiento del criminal para que la sociedad pueda descansar.

Por el contrario, ni el misterio ni el crimen, suelen ser lo más corrupto en la novela negra. Desde La Llave de Cristal hasta Morir despacio el problema que plantea la novela negra no es tanto la persecución del criminal sino que el propio sistema está corrupto y da lo mismo que se castigue o no a los malvados. A veces hay que sacrificar algunas cabezas, afirma uno de esos en Morir Despacio. Pues lo que se describe no es solo un misterio,  sino una trama de corrupción que no por estar sita en nuestra ciudad deja de ser menos inherente al propio sistema occidental. Recientemente hemos visto a un concejal de urbanismo condenado en Telde por conceder licencia de obras a unas casas en la costa de esa ciudad. Una de ellas de un ex senador y ex consejero del gobierno autónomo. La cabeza se ha sacrificado. Si fuera una novela policíaca se describiría el proceso de investigación, incluso el juicio, hasta castigarse al malvado. Ravelo por el contrario  preguntaría además  quién pagó las obras de esas lujosas viviendas y a cambio de qué… y esa es la diferencia radical entre un género y otro. Uno avanza sobre el cómo y el quién y el otro ahonda en el porqué.

Por ello Eladio Monroy no puede dejar de ser un escéptico, un cínico, para algunos. Sabe que el mal está en la propia raíz de la sociedad. Investiga, incluso castiga a los malvados. Pero el escepticismo no le abandona. Bastante tiene con evitar que los suyos y él mismo se vean ahogados en la propia corrupción. El protagonista de toda novela negra siempre intenta sobrevivir él mismo al naufragio moral de la sociedad. Y Monroy lo intenta. Otra cosa es que lo logre. A veces tiene que pactar con el diablo para conseguirlo.

Monroy práctica lo que decía W. Benjamin: No pedimos a quienes vendrán después de nosotros la gratitud por nuestras victorias sino la rememoración de nuestras derrotas. Ese el consuelo: el único que se da a quienes ya no tienen esperanza de recibirlo.

Y todo ello nos lo cuenta Ravelo con un estilo rápido y duro, heredero del hard-boiled de Hammet o Chandler. La sombra de Martin Aloysius West planea sobre toda la novela. El estilo, cercano al de Thompson, diálogos rápidos y agudos, observaciones cargadas de doble intención, nos va llevando in crescendo hasta la última acción de Monroy. Acción que se ve obligado (¿o no?) a realizar para poder seguir siendo el Jefe de Máquinas retirado que a veces ayuda a resolver problemas ajenos. O a complicarlos. Es hermano de Fabio Montale, el policía marsellés de Jean Paul Izzo y, como él ama y odia a su ciudad. Las Palmas, como Marsella, que ha cometido el error de creerse una capital, olvidando que el puerto es quien la hace vivir en realidad. Algún día Ravelo, en el ciclo de Monroy o en el de La Iniquidad, o en cualquier otro, terminará escribiendo sobre esa relación entre el puerto y la ciudad, entre los negocios de unos y otros. Pero hoy de lo que se trata es de hablar la cuarta aventura de Monroy. Y lo único que puedo decir al respecto es: léanla. Serán distintos al hacerlo, unos más felices y otros más críticos, o las dos cosas, pero nunca serán los mismos de antes de leerla.

 

Morir despacio

Morir despacio

Alexis Ravelo

ISBN: 9788415148012

Editorial: Mercurio Editorial

Año de edición: 2012

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