El Balzac de los bajos fondos.

Es cierto que la salida de Mátalos suavemente ha sido facilitada por el estreno de la película homónima, pero se trata de productos muy diferentes. Para empezar es muy raro ver a Jackie Cogan moviéndose por Nueva Orleans y no por su sombrío Boston, el Boston del motín del té independentista, de las élites académicas de Harvard y el MIT, la sórdida ciudad de ese estrangulador que aterrorizó a las chicas de los ´60 o de ese patriarca de los Kennedy que traficó con alcohol antes de meterse en política. No me cabe duda que Brad Pitt, Gandolfini y Andrew Dominio hicieron un buen trabajo con el filme, pero la película olvida un personaje importante: Boston.
Por eso y por otras muchas razones prefiero el libro.
Ante un mercado español copado de escritores escandinavos, se agradece disfrutar de un thriller muy distinto, alejado de esos largos y perturbadores silencios, lleno de humor mordaz y una tensión constante. En Mátalos suavemente, apenas hay policías. Los bajos fondos cambian, hay maleantes que se dedican a negocios tan pintorescos como robar perros. Se ha perdido el respeto: dos memos roban una partida de póquer. Se hace necesario un ejecutor.
Higgins, abogado y fiscal, socorrió a delincuentes y combatió el crimen organizado, fue las dos caras de la moneda, así obtuvo el material para revolucionar la estética de la novela criminal. Estuvo en el origen de aquel gusto por dedicarle más tiempo al diálogo sucio e ingenioso que a los disparos. Conversaciones mediante las cuales, al mismo tiempo que avanza la historia, se introduce al lector en la cotidianidad de sus personajes. Como ocurrió con Mario Puzo y el Padrino, los policías y ladrones de Boston devoraron sus libros y terminaron hablando como sus álter egos.
Higgins bebió de los padres del género noir -Hammett, Chandler, Macdonald- e influyó a Elmore Leonard, John Grisham, Norman Mailer… Dennis Lehane escribe el prólogo de su novela “Los amigos de Eddie Coyle”… David Mamet, Scorsese, el propio Tarantino, Los Soprano y The Wire… todos tienen mucho de Higgins. Cada vez que hoy vemos a delincuentes escupiéndose palabras en una discusión o trenzando monólogos interminables, topamos con la huella de Higgins. A su prematura muerte, con apenas 59 años, nos dejó una quincena de novelas y varios guiones de cine huérfanos. Ahora su obra resucita de entre los muertos. Los que van a morir y a matar vuelven a hablar, y recordemos que sus personajes no callan.

Mátalos suavemente

Mátalos suavemente

Higgins, George V.

ISBN: 9788415625056

Editorial: Libros del Asteroide

Nº de páginas: 232

Año de edición: 2012

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